jueves 10 de diciembre de 2009

Los niños


Sobre las minas han crecido flores amarillas. No debió ser tan despiadada la idea, como se dijo, cuando en su campo ha podido desarrollarse tanta belleza. Las minas las plantaron unas Piadosas Personas para detener a los niños que pretendían perderse en el bosque. Era la época en que muchos niños y niñas soñaban con perderse en el bosque; un ogro apestoso les aseguraba que en el bosque –las niñas– entablarían relaciones con simpáticos enanos adinerados y –los niños– podrían desflorar a unas ninfas más hermosas que la lágrima y que la risa juntas. Lo de la casa de la bruja sirvió de muy poco, en seguida los muy pillastres se dieron cuenta de que no era más que un decorado y que las carcajadas de vieja que se oían las hacía un gramófono, así que las Piadosas Personas se vieron obligadas a sembrar las minas, los niños no se asustaban de la supuesta bruja y continuaban cruzando el –por aquel entonces– terreno baldío para adentrarse en el bosque, ávidos de los placeres que les prometía el ogro. El ogro se llamaba Cajo y estaba emparentado con Lucifer, era sastre, cuentan que aún no ha muerto y que muchos perdidos y oscuros siguen vistiendo sus trajes y sus camisas para ir de fiesta en fiesta. El número de niños reventados por su mal proceder fue muy inferior al número de los que se perdieron en el bosque, eso está en los papeles de Extravíos y Mortandades, ahí no hay mentira. Las criaturas, al contrario que a la bruja, le tomaron espanto a las explosiones y sólo las muy ciegas por los consejos de Cajo se aventuraban a pasar, unos caminando despacito, otros a la carrera, otros con zancos, pero casi todos ¡pum!, en su mayoría ¡pum! Alguno hubo que lo salvó el Demonio y esto hacía llorar a las Piadosas Personas con más sentimiento y estridencia que la que empleaban para lamentarse de las pueriles voladuras, era conmovedor contemplarlas. Las flores crecen sobre mucha sangre, muchos corazones y mucho pecado acomodado en la conciencia, y purifican como el fuego. Minas deben quedar todavía, se plantaron cientos de ellas, hay quien dice que miles. Pudiera ser. Nunca fueron ni serán suficientes.

8 comentarios:

  1. Tras leer las dos primeras oraciones, pensé que me había equivocado de blog, pero de inmediato comprobé que no era así, y que aquí imperaba la incorrección política y la mala leche habitual.

    Muy divertido, sí señor.

    Saludos.

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  2. La víntica, qué imagen esa de que las flores crecen sobre mucha sangre. Es el título para una novela, nene, apúntalo.

    El texto, delicioso. Es más, voy a pincharte: me gusta más esta escritura que la articulística. Más no, mucho más.

    Y la foto, una gran obertura.

    Marisa, oblígalo a escribir todas las semanas, joder.

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  3. Jajaja. Creo que más bien él debería obligarme a hacer fotos todas las semanas.

    Un saludo amigo. Gracias.

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  4. ¡La vistica lady! jajjajajjaja. Ya era hora de que volvierais. Me alegro.

    Un besazo

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  5. No habia leido el comentario de Blumm. Que conste que no me he copiado. Ein.

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  6. Y a mí también me gusta más, Blumm, pero en las columnas no me caben ni son necesarias las cosicas literarias. Total, para lo que se me entera la peña...
    Por otro lado, no nos obliguemos, que luego nos llaman obligones. Las fotos de Marisa tienen la periodicidad de lo que son: buenas noticias, y ya se sabe que las buenas noticias se toman su tiempo.

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  7. Se os pudre el perro, niños.
    Uso pudrir por el agua que le está cayendo. Qué lástima de perrico. Qué muerte más canina.

    A ver si con la primavera os despendoláis un ratín.

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  8. Mucho trabajo, mucho estudio y muy poco tiempo para crear.

    El perro ha estado muerto y remuerto de siempre, es una canina. Todavía quedan huesos, no somos ceniza.

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